Una serie de composiciones efímeras se encuentran en el aparente caos visual de la cotidianidad en las calles de la ciudad y quedan plasmadas por medio de la mirada atenta que las busca y detiene en el tiempo. Imágenes que no son obvias a primera vista, pero que se encuentran frente a todo el que transita por esos espacios.
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  Estos objetos crean composiciones azarosas y nos muestran que en ese caos aparente puede haber una armonía y que con la luz que las ilumina develan, gracias a un punto de vista particular su intimidad, sus texturas y colores trasladándonos a un nuevo escenario que se nos presenta con esa armonía que sólo lograron en el momento en que se registraron y que no existió antes, ni existe después de ese momento.
Esas imágenes una vez depuradas y organizadas como una serie de naturalezas muertas, creadas con objetos que no tienen otro fin que su utilidad y el uso que sus propietarios les dan, logran en momentos proporcionar escenas visualmente interesantes y le dan otro sentido a las cosas fotografiadas, nos hacen reflexionar sobre el propósito con que se le han presentado al observador que las vió como algo más que el objeto utilitario que son y que casualmente ha quedado dispuesto en la calle como un pequeño fragmento de una totalidad que no tiene ninguna armonía ni sentido de plasticidad.
  Aquí la oda a la estética y armonía del azar de las cosas.
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